viernes, 5 de junio de 2009

"Perdí todo por lo que luché en los atentados del 16 de mayo de 2003"

Reportajes

VI ANIVERSARIO DE LOS ATENTADOS DE CASABLANCA

"Perdí todo por lo que luché en los atentados del 16 de mayo de 2003"

15/05/2009

Texto: Ferdaous Emorotene-Tánger


Han pasado seis años desde ese trágico día, pero Soad Begdouri, no podrá olvidar nunca ese viernes 16 de mayo de 2003, el día en que arrebataron la vida a sus dos seres más queridos, su hijo, Taib (17 años) y su marido, Abdelwahed El Khammal, un famoso abogado de Casablanca.
En su libro, ‘Antes de tiempo’ (en la imagen la portada del mismo), la madre y esposa, revela su vida antes y después de los atentados de Al Qaeda en Casablanca. En él describe sus emociones, pensamientos y su dolor incurable.
"Perdí todo por lo que había luchado… pasé estos años con depresión, enfermedad, soledad… hasta que tuve la idea de escribir este libro y así nacieron dentro de mí buenas sensaciones que, de otra forma, no hubiera sentido nunca si no hubiera escrito el libro", señaló a Diario Calle de Agua Soad Begdouri.
Soad Begdouri, una tangerina de 52 años, estaba en Francia recogiendo el premio de su hija Safae que le había otorgado la Academia Francesa cuando se produjeron esos brutales crímenes que afectaron a cinco zonas de la ciudad: la plaza de Sahat Al-Arsa, en la medina antigua, el Club de la Alianza Israelí, el restaurante ‘Le Positano’, la Casa de España y el Hotel Farah.
En aquellos atentados de Casablanca, de los que este sábado se cumplen seis años, perdieron la vida hasta 45 personas y más de un centenar de personas resultaron heridas. Taib era el menor de todas las víctimas. Acudió al restaurante Casa de España, tras recibir la llamada de su padre pidiéndole que se reuniera con él para cenar.
"Aquel viernes -día sagrado para los musulmanes-, cuando Taib estaba estudiando Física, preparándose para aprobar el Bachillerato, ‘el otro’ – así llama al terrorista que mató a su hijo- estaba preparando su mezclas explosivas para destruir los sueños de toda una familia", cuenta en el libro.
Begdouri siempre repasa ese momento trágico, que no vivió, pero que nunca arrancará de su memoria. "Mi marido cayó muerto en la primera explosión, y como Taib estaba en el salón interior del restaurante viendo un programa de televisión, lejos de su padre, no le pasó nada, pero él no pensó en huir como hicieron los supervivientes y corrió a buscar a su padre, y cuando estaba cerca de su cadáver, el ‘otro’ pulsó sobre el segundo botón y mi hijo cayó al suelo impidiéndole hasta llorar por su padre o besar su mano como solía hacer, aunque fuera por última vez", relata la madre.

La noticia de los atentados y de la muerte de su marido llevó a Soad y a su hija Safae a coger el primer avión del sábado, de vuelta a su casa, con la única esperanza de ver Taib sano y salvo. Una ilusión que se esfumó una semana después, exactamente el viernes 23 de mayo de 2003, arrancando de su lado a otro de sus seres más queridos.
La mujer denuncia también en el libro que su hijo no fue encontrado hasta las cuatro de la tarde del día después, mientras que los atentados se produjeron sobre las diez de la noche del viernes 16 de mayo. “Lo averigüé cuando me entregaron el reloj de mi marido que se había parado a las 22 horas”, explica. En ese tiempo, los restos de la explosión pudieron haber agravado la salud de su hijo, sospecha.
En la semana que transcurrió entre el atentado y la muerte de su hijo, hizo todo lo que pudo para intentar salvarlo: reuniones que parecían imposibles con el director del centro sanitario y el equipo médico por el caos que se vivía en el centro en el Hospital de Casablanca Ibn Rochd que, por orden del Rey Mohamed VI, fue equipado con todas las tecnologías y los mejores profesionales para salvar a las víctimas. Soad trató también de trasladar a su hijo a un hospital extranjero. Una esperanza que la llevó a escribir una carta al Rey, que días más tarde visitó a las víctimas del atentado terrorista.
"Recibí una llamada de uno de los responsables de seguridad del hospital anunciándome la posibilidad de encontrar a su Majestad pero con una condición, no tenía que llevarme los vestidos blancos de duelo… me encontré en la entrada de un edificio vestida de otro color y regresé al hospital con la ilusión de entregarle la carta, pero sonó el teléfono y mi interlocutor me ordenó que me quedara en mi lugar porque el Rey recibiría la carta a través de una de las personas que lo acompañaban… lloré, porque en ese momento perdí mi única esperanza”, cuenta Soad.
Los atentados de Casablanca, como declara la autora de ‘Antes de tiempo’ y presidenta de la Asociación 16 de Mayo, “han matado nuestros sentimientos y ninguno se atreve ni tan siquiera a hablar de ellos, como si nosotros –los familiares- también hubiésemos muerto”. “Me encontré con la brutalidad, con un corazón amputado, con sentimientos desangrados, retorciéndome de dolor por la pérdida de quien lleve un día dentro”.
En los dos últimos párrafos de su libro la autora cuenta los obstáculos con los que se ha encontrado ella y todas las familias de las víctimas del atentado. Problemas de todo tipo, materiales y emocionales.
"En vez de recibir una ayuda psicología profesional, teníamos que pasar por trámites administrativos que complicaban más nuestra situación. No somos mendigas… ¿Acaso piensan los responsables que estamos satisfechas de nosotras mismas cuando nos ponemos delante de sus puertas pidiendo uno de nuestros derechos como ciudadanos? Nos olvidaron y emprendieron el rumbo de su tren en el tiempo que se pararon nuestros vagones y hemos sido forzados a bajar en una estación llena de sangre".
"Hemos pagado un precio caro y seguimos pagando facturas de frivolidad sangrante", señala la escritora en la última página de su libro.

El exilio republicano español en Marruecos, Maribel Posadas.- Tánger


El exilio republicano español en Marruecos

ANIVERSARIO DE LA II REPÚBLICA


El exilio republicano español en Marruecos



14/04/2009

Maribel Posadas.- Tánger

Tal día como hoy, un 14 de abril de 1931, se proclamó la II República en España, que ocho años más tarde fue arrebatada al pueblo español por la Guerra Civil que el general Francisco Franco inició con el levantamiento militar de julio de 1936 y que terminó con la derrota republicana el 1 de abril de 1939. Durante la contienda y la dictadura, numerosos republicanos españoles se exiliaron al extranjero: Francia y México fueron dos de los principales países de acogida, pero también lo fue Marruecos. En el norte vivían en la clandestinidad al estar bajo Protectorado Español, mientras que en el sur podían vivir con mayor libertad.

Los republicanos españoles empezaron a venir como refugiados a Marruecos “desde el comienzo de la guerra, especialmente a Casablanca, para protegerse de la represión política de Franco”, señaló a Diario Calle de Agua el ensayista e hispanista marroquí Driss Jebrouni.

Es “difícil” hacer un cálculo del número de republicanos españoles exiliados en Marruecos porque “la gran mayoría vivía en la clandestinidad”, indica. En el norte, más aún, por estar “bajo dominio de Franco". "Se sabe que en Casablanca (como zona no española) hubo 5.000 exiliados políticos españoles en el barrio de Maaris, constituyendo la mayor colonia extranjera de la ciudad”. Rabat también acogió a muchos de estos españoles, sobre todo en el barrio del Océano, junto al Atlántico.

Asimismo, se estima que en Tánger había hasta 45.000 españoles, aunque muchos de ellos habían llegado antes de 1936 y no estaban en la ciudad del Estrecho por motivos políticos, sino económicos desde que Tánger era zona internacional, explica Jebrouni.

Entre ellos, había importantes nombres como el fundador del sindicato Comisiones Obreras, Marcelino Camacho (Soria, 1918), primer secretario general del mismo entre 1976 y 1987 y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981; o el periodista Eduardo Haro Tecglen (Madrid, 1924-2005).

Camacho luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil (1936-1939) y tras la victoria franquista fue juzgado y condenado a trabajos forzados en Tánger hasta que en 1944 se fugó del campo y viajó exiliado a Orán (Argelia), donde también había una gran colonia de inmigrantes españoles, algunos llegados antes del conflicto y otros por motivos políticos como el propio Camacho. Más tarde, se fue a Francia hasta que en 1956 fue indultado y regresó a su país.

Haro Tecglen dirigió en Tánger desde el año 1967 el ‘Diario España’ y en Tetuán fue redactor jefe del ‘Diario de África’, al tiempo que ejerció de corresponsal en esta ciudad para la agencia Efe desde el año 1946. Jebrouni afirma que de él “se sabía que era de izquierdas, mientras que la mayoría permanecieron en la clandestinidad e incluso cambiaron de identidad”, especialmente en el norte. Haro Tecglen recogió el ambiente de la ciudad durante el exilio español en su libro ‘Hijo del siglo’ (1998).

También vivían en Tánger, Ruano y Lucientes, de la CNT, que tras su estancia en Marruecos se fue a México y París, y regresó a Tánger, donde murió. Entre los exiliados no sólo había activistas políticos, sino también artistas e intelectuales, como el periodista de ‘Diario España’ Julio Zarraluque o Carlos Sampelayo, también periodista e intelectual del mismo rotativo, y dibujante.

En Tetuán había también "familias muy conocidas" como la familia Guerra o la familia Alcaraz, de las que más tarde se supo que eran republicanas. En Casablanca “gozaban de más libertad y se reunían en los cafés para hablar de sus ideas”, cosa que “también hacían en el norte pero de forma más escondida y discreta”, asegura. En Tánger, el Café Fuentes, en el Zoco Chico, y el Madrid, en la playa, fueron testigos de estas reuniones.

Driss Jebrouni era un adolescente en los años 60 y recuerda algunas de esas tertulias en la cafetería Moderna de Tetuán: “Los universitarios se reunían allí, había un republicano catalán, no me acuerdo de su nombre ahora… pero nos sentábamos allí, yo era adolescente y lo escuchábamos”. Esto supuso, de alguna manera, “una toma de conciencia para los jóvenes marroquíes, lo que influyó en el movimiento independentista y en la conciencia de izquierdas”, asegura.

Muchos de ellos, cuenta, no regresaron porque “hicieron sus vidas aquí y abrieron sus propios negocios; eran agricultores, regentaban empresas, bares, y en zonas como Souk Larbaa o Kenitra trabajaban en fincas y cortijos”. Julio Zarraluque recogió esta experiencia en el libro ‘Los que no volvieron’, recuerda Jebrouni.

Sin embargo, durante la Guerra Civil española los refugiados en Marruecos no eran sólo ‘rojos’, sino que también había franquistas en el norte. “Algunos pretendían continuar aquí la guerra; todos se creían unos héroes, pero en la retaguardia”, asegura José Luis González Hidalgo en ‘Tánger 1936-1939’. Pero esta convivencia no fue pacífica, aunque sin llegar a los niveles de España: “Hubo enfrentamientos entre los dos bandos con pistolas durante la guerra, y quedaron las marcas de las balas en la Cafetería Fuentes. Después, vivieron en paz”.

"Incluso hubo fusilamientos. Cerca del aeropuerto de Tetuán se dice que hay fosas comunes", asegura Driss Jebrouni.

sábado, 30 de mayo de 2009

Los momentos más dificiles de la historia boliviana

Los momentos más dificiles de la historia boliviana

El destacado escritor boliviano César Verduguez Gómez nació en La Paz en el año 1941. Escribe cuentos, fábulas y novelas. Fue presidente de la Unión de Poetas y Escritores de Cochabamba y del PEN boliviano. Es conocido por su labor en el área de arte y la pintura. Sus cuentos han sido premiados en varios concursos literarios.
La temática de la dictadura está presente y en su novela “La noche mordida por los perros” en la cual sigue la línea narrativa de las novelas sobre las dictaturas en América Latina como son, por ejemplo, “El Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias o “El otoño de patriarca” de Gabriel García Márquez. La misma línea sigue y la novela “Las babas de la carcel” en la cual describe los momentos más dificiles y más tensos de la historia boliviana.
La novela empieza de manera poética, imitando a una ópera. En ella se mezclan el pasado lleno de alegría de la vida y el presente repleto de terror de la cárcel. Este escritor muy emotivamente presenta el llanto de los olvidados, la inmensa tristeza y enorme vacío de las esposas y madres que se quedaron sin sus esposos e hijos que un día desaparecieron.

Furia muda

Parece que este escritor desnuda la historia boliviana y la presenta de la manera única. Esta obra está inspirada por una furia muda, condimentada por un laberinto de preguntas sin respuestas frente a las cuales el hombre se siente impotente. El escritor no toma un arma en sus manos para luchar contra la represión, pero en la manera como describe la cárcel que destruye, que devora al hombre, que descubre los secretos más ocultos del alma humana y de la peor manera pisa la dignidad humana, se nota fuerte condena. En esta cárcel están tratados de la misma manera aquellos más pobres y aquellos de las clases sociales más altas, indígenas y los descendientes de europeos que luchan por una sociedad más justa. Están igualados en el dolor, en las heridas, en los golpes. Gómez en esta novela describe una atmósfera terrible, pero también se aproxima a la música y la poesía para que el lector leyéndola pueda comparar el pasado fatal con la belleza del presente y una vida normal.
César Verduguez Gómez escribe con un estilo sencillo y claro. Si alguien quien no es historiador un día querrá saber algo más sobre la historia de Bolivia, especialmente sobre su época represiva, en las obras de este escritor tendrá un verdadero espejo de la situación social. Él describe al hombre de carne y hueso, boliviano, latinoamericano y su concreta situación de la vida. Sus protagonistas no son héroes sino antihéroes, víctimas de régimen gobernante.

Testimonios sobre los horrores de dictadura

En 400 páginas de este libro seguimos el destino de la gente que sin ninguna culpa terminó en la cárcel y no tuvo la posibilidad de defenderse y explicar. Sentimos la angustia, leemos como se comparten tristes destinos, nos enteramos de testimonios escritos en las paredes, el único lugar donde se puede escribir, de las maneras cómo torturan a los presos. También nos informamos como sus padres y parientes sobornan a sus guardias, cómo a los presos los trasladan de cárceles horribles a otras peores, cómo alrededor de ellos gobiernan engaños y mentiras.
Este impresionante testimonio sobre los horrores de las dictaduras en América Latina es uno más en la serie sobre ese tema. De este tema César Verduguez Gómez escribe cálidamente, con destreza y usando lenguaje sutil. Sobre la cualidad de sus obras atestigua la colocación de este autor en el libro “Modern Literatures of the Non-Western World” (1995) donde se encuentra junto a Tagore, Rushdi, Gabriela Mistral, Fuentes, Mario Vargas Llosa y otros colegas suyos quienes marcaron la literatura mundial, y en la literatura boliviana su nombre está grabado con letras brillantes.

viernes, 15 de mayo de 2009

Las tropas moras en la Guerra Civil,TRIBUNA: MARÍA ROSA DE MADARIAGA



EL PAIS


TRIBUNA: MARÍA ROSA DE MADARIAGA

25/04/2009
Las tropas moras en la Guerra Civil

Es absurdo equiparar legalmente a esta gente con las víctimas de la represión franquista Influyeron el hambre y una cierta predicación de guerra santa contra el republicano infiel.
Desde la distancia del tiempo transcurrido para poder examinar los hechos objetivamente, algunos historiadores los hemos abordado, interesados, entre otras cosas, por comprender las razones que empujaron a miles de marroquíes a enrolarse para combatir en una contienda que les era ajena, y conocer mejor el papel que en ella desempeñaron.

Lo primero de todo, conviene insistir en el hecho de que, contrariamente a lo que algunos sostienen hoy en Marruecos, los alistamientos no fueron forzosos, sino voluntarios, como lo son siempre en todo ejército los de soldados mercenarios.
Las causas que movían a los rifeños o a otros marroquíes a alistarse tanto en el Ejército español como en el francés eran fundamentalmente económicas. Varios años seguidos de malas cosechas traían consigo hambre y miseria. Éste fue el caso de los años anteriores a 1936 y de los primeros años de la guerra, especialmente 1937.
Si estas condiciones eran ya de por sí favorables al reclutamiento de miles de soldados para las filas de Franco, los caídes, siguiendo instrucciones de los mandos militares españoles que controlaban férreamente el territorio o para hacer méritos ante éstos, llevaban a cabo una activa propaganda entre los cabileños, centrada principalmente en la guerra santa de Franco contra el infiel, en este caso el rojo, y el imperioso deber sagrado de ayudarle en su lucha por librar tanto a España como a Marruecos de los sin Dios.
Al principio de la guerra fueron miles los que acudieron entusiasmados a alistarse para venir a luchar a España. Se calcula que el número de los reclutados en los tres años de guerra podría ascender a unos 80.000, según las fuentes oficiales más fiables (Delegación de Asuntos Indígenas, en Tetuán). Sí es muy cierto que el entusiasmo de los primeros meses fue decayendo con el tiempo, que entre ellos empezó a cundir el hastío y que se dieron casos de resistencia a los reclutamientos en masa, calificar éstos de forzosos sería impropio.
No hay que olvidar que la creación de fuerzas integradas por soldados nativos era práctica común en los países europeos con colonias. Francia las había creado ya desde la conquista de Argelia en 1830 -spahis, tiradores y gums-, al igual que Inglaterra en la India y en otras regiones de su inmenso imperio.
En cuanto a España, las llamadas fuerzas Regulares indígenas, es decir, las integradas por soldados marroquíes, fueron creadas en el año 1911, con la intención sobre todo de ahorrar vidas de soldados españoles en las cruentas guerras coloniales de Marruecos. Eran fuerzas de choque que, junto con la Legión, creada en 1920, desempeñaron un importante papel en el aplastamiento de la resistencia rifeña de la década de los años veinte del pasado siglo, liderada por Abd-el-Krim El Jatabi.
Importante fue también su papel en la Guerra Civil de España, sobre todo en los primeros meses, en los que, imparables, avanzaron sembrando el terror en pueblos y aldeas y arrasando todo a su paso, con los métodos propios de la guerra colonial utilizados por las fuerzas de choque en Marruecos.
No fue menos importante su participación en otras contiendas en los campos de batalla europeos. Miles de soldados norteafricanos -argelinos, tunecinos y marroquíes- lucharon integrados en el Ejército francés en las dos guerras mundiales. Marroquíes, fueron unos 40.000 en la primera; en torno a 80.000 en la segunda, más o menos el mismo número que los que lucharon en la guerra de España. Dudo mucho que fueran forzados a enrolarse. Otra cosa es que lo hicieran obligados por la miseria y las precarias condiciones de vida. En el caso del Rif, no olvidemos que allí las hambrunas eran periódicas.
Hablar hoy, como hacen algunos, de violaciones de derechos humanos cometidos con los soldados marroquíes por haber sido supuestamente enrolados "por la fuerza", o pretender que la Ley de la Memoria Histórica y el Auto del juez Garzón se apliquen a los marroquíes que lucharon en la Guerra Civil en las filas franquistas, carecen totalmente de fundamento.
La llamada Ley de la Memoria Histórica y el auto del juez Baltasar Garzón se aplican a las víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista, entendiendo por tales a las personas que fueron asesinadas y arrojadas a fosas comunes, y no a los soldados, ya fueran españoles, marroquíes o de cualquier otra nacionalidad, que murieron en el frente en acción de guerra.
Además de estos falsos planteamientos, convendría asimismo, en lo que respecta al número de los soldados marroquíes reclutados, abstenerse de avanzar cifras totalmente disparatadas, como la de 800.000, lo que equivaldría a más de lo que era entonces toda la población de la zona del protectorado español, o de afirmar que unos 9.000 de los marroquíes reclutados eran niños menores de 12 años. Todo ello sin basarse en ninguna fuente fiable y únicamente en lo que se cuenta de oídas.
Soy la primera en considerar que españoles y marroquíes no sólo no debemos ignorar nuestra historia común, sino que, por el contrario, debemos conocerla mejor y asumirla sin prejuicios, pero ello ha de ser sobre la base de investigaciones sólidamente fundamentadas en fuentes fiables, y no de elucubraciones carentes de todo rigor científico.
No es posible hacer determinadas afirmaciones sin haber jamás puesto los pies en un archivo. Las fuentes orales tienen, sin duda, valor humano como testimonios del pensar y el sentir de los ex combatientes marroquíes, pero los datos objetivos que aporten deben ser contrastados con fuentes documentales fiables.
Es falso que los archivos españoles estén cerrados, particularmente los que guardan documentación sobre Marruecos. Están abiertos y son de libre acceso al público, no sólo los civiles, como el Archivo General de la Administración (AGA), que contiene toda la documentación relativa al Protectorado español en Marruecos, sino también los militares.
En aras del buen entendimiento y la amistad entre españoles y marroquíes, que siempre he defendido, debemos evitar una instrumentalización de la historia, que lleve a tergiversarla o hasta reinventarla, con el fin de acomodarla a intereses ajenos a la búsqueda de la verdad histórica.
Es muy cierto, como dice el documental del realizador melillense Driss Deiback, Los perdedores, en el que participé, que la paga que cobran hoy los ex combatientes marroquíes de la guerra de España es una miseria. Pero conviene especificar que las ínfimas pensiones que perciben los pocos que aún quedan con vida fueron fijadas por el régimen de Franco, como también el que éste consideró que su señalamiento constituía un "acto definitivo y no revisable". Dicho esto, pienso que sería justo que cobraran la misma pensión que los militares españoles del Ejército franquista, según el grado.
Por último, una cosa es tratar de explicar históricamente, y de comprender desde el punto de vista humano, lo que llevó a miles de marroquíes a enrolarse en las filas franquistas; otra, hacer de ellos unas víctimas de aquel régimen. En todo caso, fueron víctimas de una situación colonial, lo mismo que también lo fueron los miles de soldados españoles que cayeron en los campos de África en guerras que tampoco eran las suyas.
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María Rosa de Madariaga es historiadora y autora del libro Los moros que trajo Franco. La intervención de tropas coloniales en la guerra civil, Martínez Roca (primera edición, 2002), RBA (segunda edición, 2006).

Codenaf Lanza en Marruecos Tres Ciclos de Formación para Agentes de Desarrollo Local



Codenaf

Lanza en Marruecos Tres Ciclos de
Formación para Agentes de Desarrollo Local
Durante el mes de Mayo. Tendrán lugar en Martil del 11 al 14 de mayo, del 15 al 17 de mayo en Larache y del 27 al 30 en Tánger.


Es un proyecto financiado por la Diputación de Granada, y en colaboración con la Red de Asociaciones de Desarrollo de Larache (RADEV), la Asociación Sahel, CMED y el Centro Cultural Al Andaluz de Martil, y la plataforma de Asociaciones Mujeres de Tánger.

El objetivo es favorecer las capacidades de las asociaciones de la sociedad civil y las administraciones locales, dotándose de conocimientos, metodología, instrumentos y recursos que favorezcan su desarrollo y articulación, para permitir así que puedan jugar un papel activo como motor básico para el desarrollo de su entorno más cercano y actores sociales fundamentales para el desarrollo rural. Con la finalidad última de impulsar un modelo de desarrollo sostenible, endógeno, democrático y con la participación directa de la población.

La formación consiste en mejorar las capacidades técnicas ("le savoir faire") y establecer una metodología de intervención adecuada, que permita desarrollar las iniciativas de desarrollo de las comunidades rurales (población, administraciones locales y asociaciones) del territorio de intervención.


Expertos de Codenaf darán formación a cerca de 100 personas en las zonas Tánger, Larache y Martil, que en su mayoría son dirigentes de asociaciones y concejales de las comunas rurales de la zona Tánger -Tetuán

El ciclo formativo constará de los siguientes módulos:
Desarrollo y género. Modelos de desarrollo territorial y el enfoque de género.
La participación social y la metodología participativa.
Evaluación y seguimiento de intervenciones e iniciativas sociales.
Planificación estratégica.
Técnicas e instrumentos de tratamiento de datos y análisis de información.
Comunicación, animación sociocultural y trabajo cooperativo con grupos.
Diagnóstico participativo. Planteamiento metodológico, técnicas e instrumentos.
Diseño y planificación participativas de proyectos de desarrollo.
Método de planificación de intervenciones por objetivos (p.i.p.o), planificación operativa.
Método de "gestion axée sur les résultats" (gar), gestión de recursos.
Gestión participativa de proyectos sociales.

lunes, 27 de abril de 2009

Los estudiantes marroquíes en España se quejan de"obstáculos"para renovar sus tarjetas de residencia


Los estudiantes marroquíes en España se quejan de"obstáculos"para renovar sus tarjetas de residencia

Granada - La Asociación de los estudiantes marroquíes en Granada, la ONG estudiantil más importante que representa a casi mil marroquíes que siguen sus estudios en Granada, prevé emprender una serie de acciones de protesta para denunciar los "obstáculos" a la renovación de sus tarjetas de residencia.
La Asociación, que prevé organizar una manifestación el 21 de abril en Granada para "hacer oír su grito de alarma", protesta contra el endurecimiento de los trámites de renovación de las tarjetas para los estudiantes procedentes de países fuera de la Unión Europea, marroquíes en su mayoría.
"Nos exigen presentar documentos que la universidad rechaza entregar a los estudiantes, como el informe pedagógico, un documento confidencial que solamente la justicia puede reclamar, lo cual pone a los estudiantes marroquíes en una situación insoportable", explicó a la MAP la presidenta de la asociación de los estudiantes marroquíes en Granada Hind Tsouli.
El estudiante debe demostrar, a través de este informe pedagógico, que ha aprobado por lo menos 40% de los créditos para poder renovar su tarjeta de residencia.
La Asociación, que representa a la mayoría de los estudiantes marroquíes en las universidades españolas, llamó las autoridades españolas a resolver este problema que llevó, según sus estimaciones, a unos 200 marroquíes a "estudiar en una situación de clandestinidad" en Granada por sí sola y residir ilegalmente en España.
"La reglamentación relativa a los estudiantes extranjeros en España no ha cambiado desde 2004, pero la interpretación de esta reglamentación cambia cada año hacia el endurecimiento de las condiciones de nuestra residencia en España", añadió Tsouli, estudiante en la facultad de Farmacia de Granada.
La presidenta de la asociación indicó que "la gran mayoría de los estudiantes marroquíes en España no son becarios, viven de sus propios medios y pagan impuestos indirectos para obtener difícilmente una tarjeta de residencia de un año, después de seis meses de espera y de trámites administrativos".
La Asociación de los estudiantes marroquíes trató de convencer al rectorado de la Universidad de Granada de apoyarlos ante las autoridades administrativas para resolver este problema, pero todas estas tentativas han sido en vano. Según el sociólogo e investigador universitario marroquí, Mustpa Akalay, quien vive en Granada, las autoridades españolas, están llamadas a permitir a los estudiantes marroquíes proseguir sus estudios en "condiciones dignas".
Akalay, urbanista y profesor en la Universidad de Paris XIII, y dirigente en el seno de la organización no gubernamental marroquí CODENAF (cooperación y desarrollo en el Norte de África) indicó que su ONG "sigue de muy cerca la situación de los estudiantes marroquíes en Granada y ha puesto en marcha una estructura jurídica para orientarles y ayudarles a arreglar su situación".
"Desgraciadamente, se nota que con las nuevas normas europeas, las autoridades españolas limitan cada vez más la presencia de los estudiantes extranjeros en las universidades de España imponiéndoles más dificultades para la obtención de tarjetas de residencia", destacó.
Las autoridades españolas "deben tratar a los estudiantes marroquíes como un capital humano que hay que valorizar y como la futura elite llamada a desempeñar un papel primordial en el acercamiento entre Marruecos y España", consideró Akalay.

lunes, 30 de marzo de 2009

ENTRE LAS DOS ORILLAS


Artículo publicado en “Periferia Libros”,
cuaderno de cultura del diario La Opinión de Granada.
Edición sábado 5 de abril de 2008.
Entre las 2 orillas: literatura marroquí en lengua española
Edición de Carmelo Pérez Beltrán.
Editorial Universidad de Granada,
2007264 pp.15 €
José Cruz Cabrerizo.
-En el tema de la escritura marroquí en español, hasta donde uno puede otear el horizonte descubre no dos, sino tres orillas:La primera es la de los que niegan que haya una literatura marroquí escrita en español (e incluso en francés) porque no existe un enraizamiento en esa tierra de dichas literaturas, tampoco historia, tradición, y les niega cualquier posibilidad de futuro por su interés neocolonial, y la falta de lectores en un país en que la principal preocupación es el día a día. El lector interesado debería ver Dris Jebrouni, “La falacia de la literatura marroquí en castellano”, Marruecos digital del 21 de septiembre de 2006 (previamente aparecido en el diario en español de Casablanca “La Mañana”, marzo de 1997), que se centra en analizar “La antología de la literatura marroquí en castellano” de la Editorial Magalia, del año 1995.La segunda es la de la historiadora Mª Rosa de Madariaga. También en Marruecos Digital se puede ver “¿Existe una élite hispanohablante en Marruecos?”. Desdice lo escrito por Jebrouni para señalarnos que gracias a las políticas del colonialismo y del postcolonialismo francés sí hay élites francófonas en Marruecos que han resultado en una muy buena nómina de escritores marroquíes en francés. España ha hecho lo contrario de Francia y por eso los escritores marroquíes que se expresan en español “lo hacen en un español “para andar por casa”, como se dice vulgarmente, pero cometen en la lengua escrita faltas garrafales, no ya sólo en la construcción sintáctica, sino incluso en la ortografía. Se trata de un español aprendido “en la calle”, y no en la escuela desde la primaria”. Al menos no esconde su esperanza en el futuro: la verdadera generación de escritores marroquíes en español vendrá de la mano de los inmigrantes que lleguen a España.La tercera orilla es la de los propios escritores marroquíes en español. Otra vez en Marruecos Digital, Mohamed Lahchiri hace oír su voz en “Sobre literatura marroquí en castellano”. Un discurso que clama contra los excesos de Mª Rosa de Madariaga, pero que admite (como no podía ser de otra forma) que hay escritores mejores y peores, y que muchos de los peores (como no podía ser de otra forma) han sido encumbrados por la oficialidad cultural.Pero dejemos al lector que se forme una opinión. Y para ello lo primero es no saltarse el interesante prólogo de Carmelo Pérez Beltrán y el estudio introductorio y divulgativo de Abdellatif Limami.Y dejando atrás esas disquisiciones cruzadas cabe preguntarse si podría servirnos la lengua y su derivado escrito, la literatura, para tender puentes entre, no las tres, sino las dos orillas separadas por el Estrecho, superar esos prejuicios y estereotipos de los que habla el prologuista y editor literario. No cabe duda que los escritores marroquíes en español, de calidad o pésimos, contenidos en esta o en otras antologías o no recogidos en ninguna, mantienen una relación sentimental, aman nuestra lengua común y ven en ella una herramienta para el entendimiento de dos vecinos tan cercanos y tan lejanos. Haríamos bien en adoptar lo que propone Mohamed Lemrini El Ouahhabi: “No nos faltan ganas de expresarnos en este idioma y eso, para muchos de nosotros es un gran esfuerzo que alguien tiene que valorar muy positivamente”.“Entre las dos orillas: literatura marroquí en lengua española”, recoge la nómina de autores que vamos a citar completa sin que importe su mayor o menor visibilidad literaria: se trata de Mohamed Chakor, Mohamed Bouisef-Rekab, Mohamed Akalay, Mohamed Lahchiri, Rachida Gharrafi, Ahmed Oubali, Ahmed Mohamed Mgara, Larbi El Harti, y (algo que no se comprende muy bien en un libro de relatos) un poeta en calidad de tal: Adbedarrahman El Fathi.Una ventaja estratégica muy importante de este volumen es que se incluyen tres referencias de cada uno de los nueve autores. Estamos acostumbrados a antologías de un solo relato por persona y eso a veces hace perder perspectiva, por cuanto el escritor se la juega a una sola carta. De entre todos los títulos que contiene esta edición, hay autores de los que sólo les salvaría un relato (ténganse en cuenta los parámetros personales y subjetivos de esta afirmación). En mi caso habrían resultado escritores “deficientes” si no me hubiera topado con el relato “perfecto”.El tema de la inmigración es transversal a un gran parte de las narraciones . “Las dos orillas” de Mohamed Chakor es un sencillo y bien conseguido cuento “antropológico” en que una orilla reprocha a la otra el haberse olvidado de su pasado. La inmigración es factor determinante en la vida de muchos de los personajes: mujeres que cruzan el Estrecho con éxito y son pasto de la explotación sexual de sus propios compatriotas (valiente y digno de destacar, no toda la culpa es de los otros, “Promesas”, de Mohamed Akalay con un bien construido monólogo interior). También sufren su triple condición de mujeres, pobres, e inmigrantes las protagonistas de “El sacrificio de los corderos” de Rachida Gharrafi, desgraciadamente la única escritora recogida y uno de mis descubrimientos más gustosos. Hombres que mueren en el intento y que tienen que seguir viviendo en forma de cartas que engañen al hijo que dejaron en Marruecos (“Cartas al Estrecho”, de Rachida Gharrafi, de una exquisita sensibilidad, que no sensiblería lacrimógena). No falta algún relato negro, “Chivos expiatorios” de Ahmed Oubali, que cojea un poco en el léxico, es como si hubiera tenido que recurrir a traducir diccionario en mano, las palabras son poco apropiadas al entorno, pero la trama es inmejorable y muy bien conseguida y suple la deficiencia anterior (entiéndase que esto no se extiende a todo el relato, sino que salpica nueve o diez oraciones en un relato de nada menos que doce páginas). Relatos que nos arrancan una sonrisa con gracia inteligente (“Encuentros en el Feddan”, de Ahmed Mohamed Mgara). También la miseria queda bien retratada (muy gustoso leer “Precoces” Mohamed Bouiseff Rekab con su “Candidez oculta” o el espejismo de un paraíso que nubla las conciencias de muchos marroquíes. Larbi El Harti (“El rumor al poder”) es uno de los que demuestran más dominio de la lengua, en el Marruecos profundo y traza una historia entretenida sobre las exageraciones que provoca la rumorología. Junto con este último destacar por su desparpajo y oralidad, por la capacidad de suscitar la pregunta de si la historia se basará o no en la experiencia personal, a Mohamed Lahchiri, que presenta tres cuentos extraídos de su libro “Una tumbita en Sidi Embarek y otros relatos ceutíes”. Citaré “Moras pisoteadas”, que apunta con el dedo a los de dentro, los malos no solo son los países extranjeros.Lahchiri nos sirve para ejemplificar las exageraciones y generalizaciones en torno a la escritura marroquí en español. Autor de calidad contrastada, se han llegado a decir cosas peregrinas (me figuro que por extensión también de otros autores), como que sus relatos son populistas y de un costumbrismo que bien aprovechado provoca la nostalgia entre los ceutíes. Quien quiera puede pedir mi partida literal de nacimiento para comprobar que no nací en Ceuta, pero sus cuentos de “Una tumbita en Sidi Embarek y otros relatos ceutíes”, me produjeron el íntimo placer de enfrentarme a historias con corazón, con vidas que fluyen, con sentimientos, tal como muchas de las creaciones de “Entre las dos orillas…”Estoy seguro de que los relatos que no han sido de mi agrado pueden ser plato de gusto para cualquier otro lector, y que de cada autor hallarán al menos un ejemplo que les guste. Mi agradecimiento a estos constructores de puentes que enfrentan tantas dificultades como “Los constructores de puentes” de Ripley.